miércoles, 31 de octubre de 2012

"Argo", una buena historia


En 1979 el Sha de Persia, Mohammad Reza Pahlevi, se ve obligado a exiliarse ante el triunfo de la revolución iraní, inspirada por el Ayatollah Jomeini. En pleno proceso revolucionario, una horda de militantes radicales asalta la Embajada de USA y detiene a cincuenta y dos ciudadanos estadounidenses. Sin embargo, aprovechando el caos reinante, seis empleados logran escapar del edificio y refugiarse clandestinamente en la Embajada de Canadá.
 
El gobierno americano, con la complicidad del canadiense, encarga a la CIA la elaboración de un plan urgente para sacar a los seis refugiados del país, ante los serios peligros de ser descubiertos y ajusticiados. La CIA echa mano de uno de sus especialistas quien, junto con Hollywood, urde un plan rocambolesco para llevar a cabo la misión.

Este podría ser el resumen de “Argo”, un largometraje cuya historia se basa en hechos reales, que no fueron desclasificados por el gobierno hasta muchos años después. Con este material, Ben Affleck construye un relato intenso y entretenido, en el que la intriga mantendrá la atención del  espectador pese a que el desenlace de la misión sea conocido.

Una película excelente, con un Ben Affleck soberbio tanto en la tarea de dirección como en la de protagonista. Affleck transmite con realismo el opresivo ambiente que se respiraba en Teherán y el riesgo de la operación de rescate. Tarea a la que contribuyen unos intérpretes –especialmente John Goodman, Alan Arkin y Bryan Cranston- que expresan verazmente la angustiosa dificultad de la misión. Como decía, “Argo” mantiene el suspense y una tensión continuada hasta el final, consiguiendo que la historia que nos cuenta nos haga permanecer pegados a la butaca.

Yo me lo pasé de cine. Ah, y sin niños ni palomitas. Como el título del libro de Millás: la felicidad era esto.




martes, 30 de octubre de 2012

El Trueba y los niños


El donostiarra Cine Trueba cuenta con dos salas de proyección y con dos ventajas: la primera, discutible, es que las películas se proyectan en versión original y subtituladas. La segunda, indiscutible, es que no suele haber niños.

Ya sabemos los de mi quinta que a nuestros hijos les dimos una educación manifiestamente mejorable. Lo que no se nos había pasado por la cabeza es que ellos lo iban a hacer todavía peor, salvo las inevitables excepciones, claro.

Entrada a los Cines Trueba
En las cafeterías, en los supermercados o en cualquier recinto, hay que sufrir las carreras de las criaturas, sus gritos y su absoluto desdén por todo lo que no sea de su inmediato interés. Una malísima educación provocada o consentida por sus progenitores, que en su día decidieron que su niño iba a ser el rey de la creación. Eso sí, si se le ocurre a usted llamar la atención a alguno de estos monstruos, enseguida se hará presente el irritado padre dispuesto a corregir la situación, montándole la de Dios es Cristo… a usted, claro, no al angelito.

Y en el cine debe ser culpa de las palomitas, cada vez más crujientes, pero el sistema Dolby de las salas es incapaz de acallar el crish-crash de los infantes cuando rumian una a una las palomitas que han acarreado en el cubo gigante de cartón. Y concluida la pitanza, sacan sus bolsas de chuches, envueltas en un celofán que se ve extendido y aprisionado ruidosamente cada vez que la criatura extrae una de las decenas de gominolas que lleva en su interior. También existe la variante de las pipas, con los tres sonidos de apertura dental, succión y escupitajo de las cáscaras que, si uno no anda prevenido, se las llevará a casa dentro de los zapatos. 

Es menester reconocer que en estas tareas los peques se ven acompañados a menudo por adolescentes y adultos que compiten con ellos en demostrar que siguen en la infancia, al menos mental. El caso es que las posibilidades de concentrarse en la película son tan remotas como intentar leer un libro de poemas en un campo de fútbol.

Bien, pues en el Trueba no suele haber palomitas ni chuches... ni niños, tomen nota. Lo que se agradece especialmente en películas como “Argo”, el largometraje de Ben Affleck que vimos este domingo. Pero eso se lo contaré mañana.


lunes, 29 de octubre de 2012

Por un referéndum

Albert Boadella

Confesaré de entrada mi infinita simpatía por Boadella. Sobre todo por lo que me ha hecho disfrutar con las representaciones teatrales de “Els Joglars”, pero también por esa faceta irónica, desenfadada y natural con la que se desenvuelve, y con la que consigue irritar a casi todo el mundo.

Además de dramaturgo, Albert Boadella es autor de varios libros, como “Memorias de un bufón” (2001) y “Adiós Cataluña” (2007). Ahora acaba de publicar una nueva obra titulada “Diarios de un francotirador”, que me he apresurado a comprar y a leer.

Otro día comentaré el libro, cuyas páginas te pueden llevar de la reflexión a la carcajada, pero ahora me quiero detener en uno de los capítulos donde propone crear “…una asociación que podríamos llamar ‘Que se larguen de una puta vez’. Se trataría de buscar las suficientes firmas para conseguir que en España se planteara un referéndum cuya finalidad sería sacudirnos de encima Cataluña y vivir por fin tranquilos sin el aborrecido ‘problema catalán’… No es tan descabellado encontrar unos millones de firmas para el referéndum de autodeterminación de España…”

Estas líneas están escritas en 2009, cuando el President de la Generalitat era el Honorable Montilla. No quiero imaginar lo que diría Boadella ahora que gobierna, es un decir, el Honorable Mas. El caso es que yo, que solo suelo dar mi firma para causas perdidas, voy a hacer una excepción. No me puedo negar si es Boadella quien la solicita.


viernes, 26 de octubre de 2012

Personas así


En nuestra tierra florecen los emprendedores, los que se atreven con nuevos retos, los que no saben pronunciar la palabra imposible, los que inscriben su nombre en los libros de la historia o en el de los récords. Personas que hacen que nos sintamos orgullosos de tenerles como convecinos, que despiertan nuestra admiración.

Como este hombre, cuyas medallas conseguidas solo se deben a su entusiasmo, a su  esfuerzo y a la dureza de sus convicciones. Una noticia como esta debería haber abierto todos los telediarios, pero el tradicional desdén que nos profesan en Madrid la ha condenado al ostracismo. 


miércoles, 24 de octubre de 2012

Recordar, olvidar...


Leo la entrevista que le dedica Babelia, el suplemento cultural de El País, a Andrés Trapiello en la que el escritor comenta su última obra publicada “Ayer no más”. Es una novela que trata sobre la Guerra Civil y que yo prometo leer en breve.

Del talento de Andrés Trapiello hay que esperar que con este título se incorpore a esa saga de autores –Chaves Nogales, Arturo Barea o más recientemente, Antonio Muñoz Molina- que han dejado huella escribiendo sobre un tema tan espinoso, tan manido y a la vez tan sugerente como es la Guerra Civil española.

La entrevista es muy interesante, pues además de entrar en aspectos particulares como su pasada militancia comunista, que él mismo critica sin ambages, aborda otras cuestiones tan candentes como las de la memoria y el olvido. Y recuerda a Nietzsche, quien escribió aquello de: “Es posible vivir casi sin recuerdos y vivir feliz, pero es imposible vivir sin olvidar”.

Porque en la novela, Trapiello afirma que una paz duradera es imposible sin el olvido, y que la tarea consiste en luchar contra la impunidad sin alentar el agravio ni el resentimiento. Ya ven, una coincidencia con Renan, quien señalaba que un factor fundamental para la creación de un Estado es el olvido.

Pero el entrevistador le lanza a Trapiello la pregunta del millón: ¿Cómo saber cuándo es preferible recordar para hacer justicia y cuándo olvidar para restablecer la paz? Y Trapiello responde con honestidad y con lógica: “No tengo respuesta para eso. No hay leyes que regulen eso, forma parte del pacto entre individuos”.

Y añade una precisión en la entrevista, cuando afirma que “Los pueblos no recuerdan, recuerdan los individuos. En plural recuerdan los nacionalistas, que están agraviados en masa por recuerdos que creen recordar en masa”. Si el Honorable Artur Mas leyera estas líneas, cosa improbable, mostraría su desdén intentando elevar su mentón unos centímetros más, cosa imposible. 


martes, 23 de octubre de 2012

Emotivo empacho



El film "Lo imposible", de Juan Antonio Bayona, se ha convertido en uno de los estrenos más exitosos de la historia del cine, alcanzando en sus cuatro primeros días una cifra de casi un millón y medio de espectadores. Una eficaz promoción de la película sumada a la calidad de sus protagonistas, Naomi Watts y Ewan McGregor, han conseguido despertar de forma inusitada el interés del espectador.

La historia es conocida: un tsunami de proporciones gigantescas se abate sobre la costa tailandesa donde se concentra una parte del turismo del país, arrasando cuanto encuentra a su paso. Como consecuencia de la marea se produce una cifra escalofriante de muertos y heridos, y entre los damnificados una familia de turistas sufre la violenta dispersión de sus miembros y la convicción de que varios de ellos se han convertido en víctimas de la tragedia. La cinta refleja las peripecias de esta familia para sobrevivir y, finalmente, para reencontrarse.

Como se puede apreciar en los anuncios televisivos, la película ofrece imágenes espectaculares de la llegada del tsunami a la costa. Se trata de unos efectos especiales que dotan de un magnífico realismo a las escenas de la tragedia. Esta espectacularidad es un tercio de los elementos centrales de la obra. Los otros dos son la angustia y la emotividad. Yo creo que hay un cierto abuso de estos dos ingredientes que, lejos de servir para salpimentar el relato, no nos abandonarán a lo largo de toda la sesión hasta el punto de producirnos un emotivo empacho. Pese a ello, y pese a una cierta lentitud en algunos tramos, la película se deja ver.


lunes, 22 de octubre de 2012

Elecciones-decepciones


Ayer se cumplían 30 años desde que Gabriel García Márquez recibiera en Suecia el Premio Nobel de Literatura. Lo que se denominó como “realismo mágico”, ese género literario que consistía en mostrar lo irreal como algo habitual, en Euskadi no habría pasado de literatura costumbrista.

Y ayer, sí, fueron las elecciones al Parlamento Vasco, donde se impuso el PNV con Urkullu al frente, quien, tras una campaña sobria y eficaz, se convertirá en el próximo lehendakari. Le siguen EHBildu, PSE, PP -estos dos últimos con un retroceso electoral notable- y UPyD.

Ya se observaba la impotencia de Patxi López para crecer en liderazgo mientras ha ejercido de lehendakari, y sus esfuerzos finales por denunciar que todo el mundo iba a hacer recortes menos él han carecido de credibilidad. Antonio Basagoiti, por su parte, también está demostrando que la frescura y la campechanía, sobre todo si son sobreactuadas, tienen su propio techo electoral.

Me alegro sobremanera de que UPyD haya conseguido mantener el acta de parlamentario de Gorka Maneiro, porque este partido está dando una lección de coherencia y honestidad política. Para mí, la mejor noticia -por no decir la única buena- de estas elecciones.

Y luego está la demostración de que Izquierda Unida es una formación política y, a la vez, un oxímoron. Para hacer honor a su nombre se presentaba dividida en dos formaciones y compitiendo entre sí: Esker Batua y Esker Anitza.  Una apoyada por Cayo Lara y la otra por Gaspar Llamazares, ambos dirigentes de Izquierda Unida. Naturalmente, como es imposible explicar esto de forma racional, se han convertido en extraparlamentarios.

Y lo de EHBildu me parece una mala noticia sin ambages. Que este colectivo sea capaz de mantener en su programa que “tanto la violencia de ETA como las estrategias represivas y de guerra sucia de los Estados español y francés han provocado víctimas mortales y lesiones físicas o psíquicas en las personas”, y que aún así -o quizás por eso- consiga 21 parlamentarios es desolador. En fin, ¿qué decíamos sobre el realismo mágico?