jueves, 10 de mayo de 2012

Con leyes a mí


Podemos sentirnos afortunados de que Martín Garitano sea el Diputado General de Gipuzkoa. Esto ha dicho: “Estoy a favor de abrir una reflexión sobre la arquitectura institucional del conjunto de Euskal Herria, pero hagamos primero un país y diseñemos después su arquitectura institucional, no al revés”.

Piensen en un momento no en ese imposible como es hacer un país sin instituciones, sino en el riesgo de que Garitano se hubiese dedicado a la construcción de edificios con esas ideas. Primero hacemos la casa, luego decidimos su arquitectura. Lo dicho, afortunados.

Pero en fin, esta solo es una anécdota de la entrevista que publica El País este pasado fin de semana y que no tiene desperdicio. Garitano ignora si la bandera española ondea en el edificio de la Diputación “porque no ha subido al tejado”. Y no oculta que “excarcelaría a todos los presos mañana mismo”.

Observen la foto de El País donde se puede ver la mesa del despacho del Diputado General, con su cajetilla de tabaco y su cenicero con colillas. Lo que está prohibido en todos los centros de trabajo no afecta al Diputado General.

Él puede saltarse la ley a la torera –pese a ser quien primero debe cumplirla y hacerla cumplir-, pero usted o yo no. Deje usted de pagar sus impuestos o aparque su vehículo en el reservado del Diputado General y verá cuánto tardan los mandados de Garitano en llevarle de las orejas.

La ley no es igual para todos, se queja el personal señalando la monarquía. Pero no tenemos que llegarnos hasta La Zarzuela para demostrarlo, basta con acercarnos a la Diputación de Gipuzkoa.


miércoles, 9 de mayo de 2012

El lejano Kiev (y II)


En Kiev, en una de sus principales vías, la calle Khreshchatyk, todavía mantienen una estatua de Lenin, y dicen que en algunas ciudades, la de Stalin. Y no deja de ser extraño esto último, porque en Kiev hay un Museo, el Holodomor, que recuerda la hambruna a las que les sometió el camarada Iósif en 1932-1933 y que acabó con la vida de más de cinco millones de ucranianos.

Iglesia de St. Michel
Las estaciones del metro son un laberinto de pasillos subterráneos donde se amontonan puestos de venta de todo lo imaginable. Los vagones circulan atestados, quizás por el contenido precio del billete que no llega a los veinte céntimos de euro (2 grivnas). Los restaurantes, bares y tiendas tienen unos precios similares a los de cualquier ciudad española. Según dicen, los precios se van reduciendo a medida que vas abandonando el centro de la ciudad. Tiene que ser así, porque de lo contrario sería inexplicable cómo puede vivir la gente,

El Museo Nacional de Arte de Ucrania merece una visita. Es un edificio clásico, con sus gruesas columnas y dos leones desdentados haciendo guardia en la puerta, similar a los del Congreso de los Diputados de Madrid. De limitada superficie, una parte está dedicada, cómo no, a la religión, con tablas y telas de mucho colorido, en un estilo casi naif. Otras salas muestran retratos y paisajes de los siglos XIX y XX, de autores desconocidos para mí pero de una formidable belleza. Lástima que la visita incluya una gamberrada como es una enorme sala dedicada… al fútbol.

Energía urbana en Kiev
El alfabeto cirílico –de origen griego e inventado por el misionero San Cirilo, de ahí su nombre- es una dificultad añadida para moverse por Kiev, aunque la globalización y las multinacionales van imponiendo sus marca y su lenguaje.

Algunos ciudadanos se ríen de la contaminación provocada por la explosión del reactor nº 4 de la Central Nuclear de Chernobyl en 1986: “Los chicos tienen tres ojos”, bromean. Hacer virtud de la necesidad. En el propio perímetro urbano de Kiev se puede observar el perfil de una central nuclear. Llama la atención, sí, esa tranquilidad reinante tras la desastrosa experiencia que supuso Chernobyl.

Es largo el camino entre Kiev y Madrid, unos 3.500 kms., no más que el que tiene que recorrer Ucrania para incorporarse a los países occidentales. Observar las naciones que han pertenecido al paraíso socialista, la herencia que ha dejado el socialismo real, da que pensar. 


martes, 8 de mayo de 2012

El lejano Kiev (I)


Plaza de la Independencia
Por Kiev circulan tranvías y microbuses amarillos desvencijados. Los edificios del centro de la ciudad muestran en su mayoría el sello de la arquitectura soviética, aunque sin llegar a esperpentos como por ejemplo el de la polaca Nueva Cracovia. En la Plaza de la Independencia está el Centro Comercial Globus, cuyas tiendas de Adidas, Hilfiger o Lagerfeld –y sus precios occidentales- le harán olvidar por un  momento que se encuentra en un pais sumamente deprimido donde los salarios de los funcionarios rondan los 250 € mensuales.

Kiev carece de esa clase media tan común en las ciudades europeas. Debe haber ucranianos muy ricos y, naturalmente, muy pobres. En ningún sitio he visto tantos coches de gama alta: Lexus, Mercedes, BMW’s, Bentley… Y también enormes todo-terreno con las lunas tintadas y con conductores de aspecto inquietante. Junto a ellos ruedan trabajosamente los vetustos Lada –antiguos Seat 124, hoy codiciadas piezas vintage en occidente-.

La tasa de desempleo de Ucrania es una de las más bajas de Europa. Cosa bien distinta es la productividad. En el comercio, otra herencia soviética, trabaja un número inusual y a todas luces excesivo de mujeres. Entras en una tienda vacía y te salen cuatro dependientas. Más el inevitable vigilante. Porque en cada bar, comercio, hotel y restaurante hay por lo menos un vigilante de paisano, pese a que en la ciudad no se perciba mayor grado de inseguridad.

Catedral Santa Sofía
La amabilidad de taxistas y camareros es invernal, bajo mínimos, vamos, como la de las mujeres que vigilan las basílicas o los museos. Las iglesias y catedrales de Kiev con sus cúpulas doradas, especialmente Santa Sofía y Saint Volodymiyr, son bellísimas. Y el complejo “Laura” que acoge un buen número de templos ortodoxos, catacumbas incluidas, de obligada visita.

En la ciudad se ve mucha gente joven. Los hombres, de cazadora negra, vaqueros y zapatos negros, con aspecto de pandilleros. La gente mayor circula abrigada y con cierto desaliño. No así las mujeres. Te cruzas con jóvenes muy guapas, atractivas, muy ceñidas, muchas con minifaldas pese al frío y con unos tacones descomunales. Son llamativos sus ojos claros, aunque también les confieren un aire de frialdad y de distancia. 


lunes, 7 de mayo de 2012

José Luis López de Lacalle


José Luis López de Lacalle


Cuenta el periodista Santiago González que durante el llamado ‘proceso de paz’ de 2006, los partidarios contaban los meses: “Tres años sin muertos”, decían esperanzados al comienzo de aquel verano, lo que fue desarbolado por la gran Pilar Ruiz Albisu (madre de Joseba Pagaza) con la verdad íntima e incontestable de las víctimas: “Yo llevo tres años con uno”.

Hoy hace 12 años, el 7 de abril de 2000, José Luis López de Lacalle fue asesinado en Andoain, donde también correría la misma suerte Joseba Pagaza tres años después. Cuando regresaba José Luis a su domicilio cargado con la prensa dominical y con un paraguas para protegerse de la lluvia, el etarra Ignacio Guridi Lasa le disparó cuatro tiros que acabarían con su vida.

José Luis López de Lacalle, miembro del Partido Comunista y fundador de las CC.OO. en el franquismo, había pasado cinco años encarcelado por los mismos motivos por los que acabaría siendo asesinado: por su compromiso insobornable con la libertad y con la democracia. Es lo que tienen en común los totalitarismos: su violenta incapacidad de digerir la palabra libre.

José Luis López de Lacalle fue un entusiasta, un incansable luchador. Nunca quiso vivir en una sociedad dominada por la resignación, el susurro o el silencio; nunca renunció a hablar ni a hacerlo en voz alta, con dignidad y con una desbordante vitalidad, ajeno al temor imperante en la sociedad vasca y ajeno –conscientemente ajeno- a la certeza de que en este país exponer es exponerse.

Doce años que asesinaron a José Luis, doce años que permanece en nuestra indignada memoria.

viernes, 4 de mayo de 2012

Las nieves del Kilimanjaro


Les propongo una película: “Las nieves del Kilimanjaro”, del realizador francés Robert Guédiguian. Imágenes cotidianas -¿hay algo más cotidiano hoy que un despido colectivo?-, personajes de la calle tan comunes y tan anónimos como usted o como yo, sucesos habituales en cualquier ciudad, contradicciones morales reconocibles, diferencias generacionales archisabidas… Y de este cóctel tan vulgar surge una hermosa película, intensa, emotiva, donde se refleja lo que ya sabemos: que la necesidad puede abocar al delito pero también es capaz de provocar la generosidad de mucha gente. ¿Es solo una impresión o es una certeza que la solidaridad florece mejor en la modestia que en la abundancia?

Ah! Y una película que ningún sindicalista se debería perder. 


jueves, 3 de mayo de 2012

Correr en festivo


Un día de fiesta por la mañana. Salimos a correr desde Sagüés, junto a la donostiarra playa de Gros, Gorka Busto, Pepelu Fonseca, Juan Carlos Fano, Karmele Mitxelena y yo. Pese a que el día ha amanecido soleado son numerosas las ausencias. Faltan Josema Brosa, Mikel Beristain, Pello Esnaola, Gorka Arenaza, Vicente Mier, Igor Zabalbeitia, Rafa Azurza –con quien correr en primavera es como llevar a Pablo Neruda al lado-, Iñaki Zubimendi…

Es igual, partimos a ritmo tranquilo hacia el Paseo Nuevo. A Juan Carlos se le notan los ocho kilos que ha perdido y aguanta bien. Su problema suelen ser las lesiones. Sin ellas, su calidad atlética no tarda en aparecer. Gorka Busto está en la etapa de acumulación de kilómetros. Del grupo, es el que más tesón tiene corriendo. Pepelu Fonseca acaba de dejar atrás cuatro meses de dique seco debido a las quejas del sóleo y del gemelo, y Karmele y yo disfrutamos de la bendita normalidad.

El Paseo Nuevo nos brinda un panorama inusual: se percibe con nitidez el ratón de Getaria y la costa vizcaina, que solo son visibles cuando se levanta el viento sur. Nos cruzamos con algunos atletas amigos y conocidos, como Joserra Basterra o Manolo Loro. Pasamos por el puerto, y en el Náutico nos incorporamos a la playa de la Concha. Al pasar por el Atlético San Sebastián, Juan Carlos prefiere quedarse y seguir a un ritmo más pausado. En Ondarreta, junto al Peine de los Vientos, el GPS de Gorka señala el sexto kilómetro, momento en que damos la vuelta para hacer el recorrido inverso. Karmele se queda junto al túnel del Antiguo para volver a su casa corriendo, y quedamos Gorka, Pepelu y yo.

Juan Carlos, Javier, Gorka, Karmele, Igor y Pepelu
Incrementamos un poco el ritmo y volvemos a recorrer la Concha. Nos cruzamos con Olatz, Apalategui y José Luis García Murga, tres incansables deportistas que lo mismo le dan al spinning, que a la elíptica o al running. Cuando llegamos al Aquariun decidimos subir al monte Urgull. Enfilamos el Paseo de los Curas, llegamos hasta la Batería de las Damas donde es obligatorio saborear la formidable vista de la bahía y subimos hasta el Cementerio de los Ingleses. Luego bajamos hasta el Paseo Nuevo donde nos encontramos con Igor Ayerbe y un amigo suyo. Nos unimos y volvemos a velocidad de crucero por el Puente del Kursaal hasta el final de la Playa de Gros. Según Gorka, hemos hecho exactamente 13 kilómetros.

Gorka dice que ha llegado ya con la reserva puesta (no hay que hacerle mucho caso) y Pepelu está encantado de haber terminado el entrenamiento sin molestias. Son las diez de la mañana y volvemos a casa con el Cantábrico en la retina y con una media sonrisa de satisfacción provocada por el chute de endorfinas. ¿Hay mejor manera de comenzar un soleado día de fiesta?

miércoles, 2 de mayo de 2012

Marx y Kodak


Ya lo profetizó Marx: el capitalismo genera su propio sepulturero. Y es lo que le ha ocurrido al gigante Kodak, no por las contradicciones que vaticinaba Don Carlos sino por la tecnología. Fíjense en la paradoja: fue Kodak la primera en desarrollar la fotografía digital, una innovación que acabaría llevándose por delante a la propia empresa.

La caída del gigante. Ese interesante artículo que ha publicado Vocento en sus periódicos este fin de semana. La crónica de una muerte anunciada que, modificando cuatro datos y tres fechas, servirá dentro un tiempo para explicar las causas de que la industria editorial acabase también en concurso de acreedores.

En la prensa escrita el declive es manifiesto. Una muestra más del desigual combate entre lo analógico y lo digital. No hay más que observar las continuas curas de adelgazamiento a que se están sometiendo los principales rotativos españoles. Pero la crisis no solo se debe al descenso de lectores o a la reducción de la inversión publicitaria, existe también una crisis que afecta a la propia función del periódico y a la del periodista. Internet lo mueve todo.

Lo más llamativo es la incapacidad de salir de esa agonía. Estamos mal y sabemos que vamos a estar peor... ¡pero no sabemos qué hacer! A todo lo más que llegamos es a la certeza de que el futuro será de las ediciones digitales. Pero a partir de aquí solo se ven agujeros negros: por uno desaguó la industria fotográfica, por otro la musical… y ahora estamos calculando cuál será en el que desaparezca buena parte de la industria editorial.

Y no es nada fácil, créanme. Porque si hablamos de libros, ¿qué puede hacer un librero para competir con el e-book? ¿Cuántos románticos preferirán pagar veinte o treinta euros por un libro en papel cuando el ejemplar digital no debería pasar de ocho o diez? Pues cada vez menos, no lo duden.

Es una situación que cada vez se asemeja más a la del ser humano. Todos sabemos que vamos a morir –aunque a menudo vivamos como si fuésemos inmortales-, pero lo más que podemos hacer es atrasar un poco su llegada.