Su largo viaje ha
terminado en Andoain, donde según informa el Diario Vasco ha sido asesinado. Se
llamaba Moses y era de Sierra Leona. Su historia es una más de las tragedias
que supone la emigración. Huir de un país, huir de la miseria con la esperanza
de encontrar un futuro para él y para su familia. Un largo camino para pasar de no ser nada a no ser nadie.
Moses llamaba la
atención por su corrección, por su limpieza, por su grave voz africana. Si la
suerte le abandonó, él jamás se abandonó. Anduvo por las Canarias antes de
recalar en Donostia. Recorría los pueblos y los polígonos industriales sin
descanso en busca de trabajo. El último que tuvo fue hace algo más de un año,
un contrato temporal para ayudar en la limpieza de las calles donostiarras. Desde
entonces, la crisis le dejó en el paro.
Aspiraba a traer
aquí a su esposa y a sus dos hijos de Sierra Leona. Dejó una habitación
alquilada para irse a una casa abandonada en Andoain, y es que cada euro que
ahorraba era un euro más para enviar a su familia.
Moses en el centro, rodeado de sus amigos, el día que Arrats recibió la Medalla al Mérito Ciudadano en el Ayuntamiento donostiarra |
En San Sebastián
tuvo la suerte de cruzarse con las personas de Arrats, que le acogieron en la Asociación , le atendieron
y le ayudaron. Él decía que tenía varios amigos aquí: José Mari Larrañaga, Haizea, Irati,
Marijo, Eneritz, Miguel, Amaya… y toda la gente de Arrats. Y Maite Brandariz, que
cuidaba de él como si se tratara de otro hijo. Y Marisa Barace, que le daba
clases de castellano mientras su hermana Pilar le preparaba la comida…
El hombre es
capaz de lo mejor y de lo peor. Pero todas estas personas que he nombrado han
sido lo mejor para Moses, porque con su generosidad han mitigado su soledad y han
conseguido reducir un poco su necesidad. Es una actitud fieramente humana, en palabras de Blas de Otero. Una hermosa manera de mostrar que hay vida, y puede haber esperanza, más allá de nuestros redondos ombligos.
Moses tuvo la
desgracia de nacer en un país pobre. Y a veces tratamos esa desgracia como si fuera un delito. Porque no fue su elección, como tampoco fue
la nuestra nacer en una sociedad opulenta. Convendría no olvidar eso, que en nuestros orígenes no ha intervenido nuestra voluntad sino el azar.
Descansa en paz, Moses. Que la tierra te sea más leve de lo que te ha sido la vida.
Hermosísimas palabras a las que les falta algo: mencionar que cada vez que se cruzaba contigo se le iluminaba la cara con una gran sonrisa. Sabía que podría llenar el frigorífico, que le invitarías a un bocadillo o que le preguntarías por su familia. Descansa en paz, Moses.
ResponderEliminarJavier, no salgo de mi asombro. No sabía que era el chico a quien Marisa daba clases. Me ha impresionado, como ocurre con todo lo cercano.
ResponderEliminarNo pienso que pasó de no ser nada a no ser nadie.Al revés. Fué alguien que vino con la mochila llena de esperanzas, sueños e ilusiones, que compartió su sonrisa con todos y que en un momento se le arrebató todo.
Gracias, por el escrito.
Maitasunez